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La idiosincrasia de Aragón (1)

Vivimos una época en la que la industrialización, el artificio, la globalización son protagonistas principales, por lo que encontrar un lugar en el que la tradición y las costumbres continuen vivas es un auténtico tesoro, más aún cuando su población se muestra orgullosa y se esfuerza porque no mueran.

La primera vez que visité los Pirineos tenía 18 años. Estaba de campamento, y la conexión que sentí con la naturaleza y lo rural me marcó. Sin embargo, no volví a esta maravillosa tierra hasta hace apenas 7 meses (enero 2012), por lo que todo lo que pueda contar aquí sobre los pueblos del Pirineo aragonés y su entorno natural lo hago desde la mirada de alguien que acaba de llegar y se encuentra afortunado con cada rincón que descubre.

Preveo que van a ser varios los episodios en los que voy a contar las historias, los detalles, que más han despertado mi interés. Comenzaré con leyendas de brujas y malos espíritus.

Chimenea con Espantabrujas

Chimenea con Espantabrujas

Un símbolo visible y digno de fotografía de los pueblos del Pirineo son sus tejados con sus singulares chimeneas. Éstas son troncocónicas y, desde antaño, se coloca encima de ellas una piedra que puede adoptar diversas formas denominada “Espantabrujas”.

Según la creencia popular los maleficios entraban en las casas por las chimeneas. El espantabrujas evitaba que las brujas que sobrevolaban los tejados  con sus escobas pudieran acceder por el tiro de la chimenea.

Como refuerzo a las espantabrujas era muy común hacer una cruz en las cenizas que quedaban después de apagar el fuego en los hogares. Esta tradición no ha muerto con el paso del tiempo, y actualmente se siguen construyendo chimeneas con este elemento ornamental.

cardo de bruja

cardo de bruja

No es el único ritual que existía para ahuyentar a las brujas y así proteger los hogares. Con el mismo fin,  encontramos en algunas puertas el denominado cardo de brujas, también llamado cardo de puerto o de sol. Ésta “flor mágica” era cortada en otoño por los aldeanos quienes la colgaban en los dinteles. Una leyenda cuenta que las brujas no atravesaban la puerta porque se distraían contando los estambres del cardo hasta que les sorprendía el alba les sorprendía y tenían que regresar a su refugio.

Mitad arte, mitad leyenda…los pueblos de Aragón están llenos de magia. Si venís por estos parajes no olvidéis alzar la vista y disfrutar de las “chamineras” (chimeneas) con sus espantabrujas, así cómo retratar sus cardos de sol.

@delmundoalmundo

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